
Conoce lo bacano de mi creación...
Magazín Digital

Edición Febrero 2016 Dedicado a Nuestro Planeta
Sembrando una ilusión
Escrito por HECTOR SANTANA
Fotografías: Jeco
Una puerta de metal blanca, con una cadena y un candado de mediano tamaño de pronto se abren para dar paso a un deslumbrante contraste. Ante de cruzar únicamente se ven paredes de un solo color y todo es demasiado pálido, pero apenas unos pasos más adelante aparecen un verde imponente, un majestuoso paisaje que solo se ve opacado con el óxido de los alambres, las púas y las rejas. Y precisamente ese bello panorama, el sonido de los pájaros y una profunda calma que incluso llega al alma, fueron motivaciones más que suficientes para nuestro hombre de la huerta.
En estos momentos la verdad no parece una huerta, es más, da la impresión de solo ser un pedazo de potrero mal cuidado y una tierra que no produce más que lástima. Pero la verdad es muy diferente y Sebastián (*) no solo la defiende con orgullo, sino que en cada palabra que se refiere a ella lo hace con el ímpetu necesario como para dejar bien claro que no se trata de un potrero.
Llegó como han llegado todos los jóvenes al CREEME. Con la rabia por un error cometido, el dolor por estar detrás de unas rejas, la impotencia por no poder salir tan rápido y la frustración de no tener a sus seres queridos tan cerca como quisiera.
Pero un día se dejó guiar por el instinto, entendió que si iba a pasar un buen tiempo metido entre rejas y cuatro paredes la mejor manera era buscar nuevos caminos, una ruta que le sirviera de motivación, que le ofreciera una alternativa distinta y de paso, convencer a algunos de sus “parceros” para que hicieran lo mismo.
Fue así como empezó a liderar la huerta. Este pedazo de “potrero” que no mostraba muchas bondades y que no brindada demasiadas posibilidades se convirtió también en un reto personal, porque no solo se trataba de hacer que de allí brotaran frutas y hortalizas sino de medir sus propias capacidades en un mundo, hasta ese momento, desconocido para él.
Como todo en la vida, empezar fue lo más difícil. Aún recuerda esas largas jornadas en las que empezó a “tirar azadón” y en sus manos está palpable el reflejo de ese trabajo. Los cayos aún permaneces, pero lo que es mejor, los muestra con orgullo, como una prueba fehaciente no solo de lo que logró sino que siente el enorme placer de tocarlos y decir con la cabeza en alto: “yo sembré y yo recogí”.
Tampoco fue fácil convencer a sus “parceros”, unos se animaron, otros no tanto, algunos más lo hacían simplemente por el “parche” de salir de la rutina pero poco a poco la huerta fue creciendo. La tierra mostraba sus enormes bondades y respondía de manera abundante a los cuidados de Sebastián y sus amigos.
Y fueron aprendiendo los secretos de la agricultura. El tema se les volvió una de sus mejores motivaciones, porque empezaron a tomar cursos, a preguntar, a buscar nuevas alternativas, a no dejarse vencer por las frías paredes y el óxido de los alambres y las mallas.
Fue entonces cuando llegó la recompensa. En poco tiempo se elevaron frondosas plantas de maíz, de fríjol, repollo, zanahoria y cilantro. “Usted no se imagina lo que uno siente cuando está sacando de la tierra el fruto de su trabajo, eso es que como tener un hijo” dice emocionado Sebastián quien no deja de mostrarme los lugares de donde emergía la comida natural.
Él no es conformista, así que ahora no solo le apunta a la agricultura sino que va a empezar a incursionar en la lombricultura. Ya tiene especialmente acondicionado el sitio para ello, faltan algunos ajustes pero en poco tiempo echará andar ese sueño del cual, sin duda alguno, cosechará tantos o más éxitos como el anterior.
Por ahora dedica un tiempo a planificar bien lo que viene y para ello se para sobre ese “pedazo de potrero” y disfruta del majestuoso paisaje mientras en su mente sigue sembrando ilusiones.
-
Es un seudónimo ya que por disposiciones de ley no se pueden publicar los nombres de pila de los usuarios del CREEME.



